“El golf no es un juego de perfección.”
Esa es la premisa central de Golf Is Not a Game of Perfect, escrito por el psicólogo deportivo Bob Rotella, uno de los especialistas más reconocidos en rendimiento mental aplicado al golf profesional. Rotella ha trabajado con múltiples campeones de majors y jugadores del PGA Tour, enfocándose no en la técnica, sino en la mente.
En los últimos meses he aprovechado el tiempo que liberé al bajar mi carga de trabajo para retomar un deporte que tenía años queriendo tomar en serio: el golf. De chico jugué un poco, pero sin estructura ni constancia. Este año decidí hacerlo distinto. Empecé a ir más seguido al campo, a practicar en simuladores para pulir el swing, a invertir en bastones adecuados y a construir una rutina más disciplinada. No es solo jugar; es entrenar.
Después de seguir a varios creadores de contenido especializados en golf, escuché que recomendaban este libro y decidí leerlo. No es un manual técnico. No habla de cómo colocar las manos ni de cómo girar la cadera. Es un libro sobre psicología deportiva aplicada al golf.
El punto central de Rotella es claro: el golf es un juego de confianza. La práctica se hace en el campo de entrenamiento. En el campo de juego se ejecuta. Pensar en la mecánica durante el swing, en el momento de mayor presión, rompe la fluidez. La mente analítica interfiere con la memoria muscular. En términos de ciencia cognitiva, se trata de evitar el “parálisis por análisis” y permitir que el sistema automático —lo que muchos llaman estado de flujo— haga su trabajo.
El concepto conecta con investigaciones sobre rendimiento óptimo, como las de Mihaly Csikszentmihalyi sobre el “flow”: el mejor desempeño ocurre cuando hay concentración total, claridad de intención y ausencia de duda consciente. En golf, eso significa elegir el tiro, visualizarlo con claridad, comprometerse al 100% y ejecutarlo sin vacilación. Sin ajustes de último segundo.
He escuchado a atletas de distintas disciplinas hablar sobre la importancia de adoptar una mentalidad que les permita exprimir su talento bajo presión. Este libro aterriza esa idea. Rotella insiste en que no se trata de evitar errores —porque el error es inevitable en un deporte con márgenes tan pequeños— sino de aceptar que el golf es imperfecto por naturaleza y que el jugador debe estar emocionalmente estable frente al fallo.
Uno de los aprendizajes más prácticos es separar entrenamiento de competencia. En entrenamiento se corrige, se experimenta y se descompone el movimiento. En competencia se confía. Mezclar ambos modos genera ruido mental. Esta distinción es simple pero poderosa, y no aplica solo al golf.
Hay una filosofía más amplia detrás del libro: hacer el trabajo cuando toca hacerlo y, llegado el momento, confiar en que ese trabajo es suficiente. Eso implica tolerar incertidumbre, aceptar variabilidad y competir con lo que tienes ese día, no con lo que idealmente quisieras tener.
El libro también incluye herramientas concretas: rutinas pre-tiro, visualización deliberada, manejo de diálogo interno y estrategias para no dejar que un mal golpe contamine el siguiente. En un deporte donde cada tiro es una unidad independiente, la capacidad de resetear mentalmente es una ventaja competitiva.
Aunque está enfocado en el golf, el mensaje es transferible. No vivir permanentemente en modo entrenamiento. No intentar corregir todo al mismo tiempo. No sabotear la ejecución por exceso de conciencia. Prepararte lo mejor posible y, cuando llega el momento, confiar.
Si estás entrando al mundo del golf —como yo este año— es una lectura recomendable. No te promete perfección. Te enseña a jugar sin necesitarla.